VIVIR SEPARADOS Y EDUCAR JUNTOS ¿Es posible?

“Cómo ayudar a los niños a entender las diferentes formas de hacer las cosas de papá y mamá y las dos aceptarlas como válidas”.

Esta consulta me la hacía una madre hace unos días. Y la verdad es que es una gran pregunta. Una de las cuestiones que más nos agobian después de la separación son las diferencias con el padre a la hora de educar a nuestros hijos.

 “Que si yo no les dejo comer azúcar y con su padre se hartan a chucherías, que si en casa tienen limitadas las pantallas y en casa del padre se pasan horas jugando a la play, etc, etc…”

Estas son situaciones que nos angustian, provocando conflictos y desencuentros si pedimos explicaciones o rabia y frustración si no las pedimos. 

¿Y si son los niños quienes nos piden explicaciones sobre las diferentes normas o formas de hacer las cosas de las dos casas?

Bien, sin duda es un tema controvertido puesto que supone tomar decisiones importantes y ser firmes y consecuentes con ellas. Sobretodo en los casos de custodia compartida o semicompartida donde hay una implicación educativa real por parte de ambos progenitores. 

En primer lugar, podemos plantearnos y tener muy claro cuál es el modelo educativo que estamos ofreciendo a nuestros hijos y hacernos la siguiente pregunta:

¿Es algo que realmente podría tolerar?

  1. No: tomo medidas. Como hablar con él directamente sin utilizar a los niños ni ponerlos en medio. Esta comunicación debe ser asertiva, sin acusar ni menospreciar, porque entonces estaremos provocando un conflicto. Es importante aprender a comunicarse asertivamente con el padre de mis hijos. Para ser capaz de expresar mis necesidades, pero sin caer en recriminaciones. Y si por el momento no soy capaz, es mejor desahogarse con alguien que pueda acoger y sostener mi enfado sin juzgar y pueda aportar una visión objetiva de la situación. 
  • SÍ: si realmente es algo que creo que puedo tolerar, entonces la mejor opción es limitarme a ser el modelo educativo que me gustaría ver en su padre. Poner mis normas y limites en mi casa y llevarlos hasta el final siendo consecuente con ello. Y si los niños preguntan, explicarles que tanto mamá como papá lo hacen lo mejor que pueden y que, en cada hogar, podrá disfrutar de todo aquello que esta permitido hacer. Enfocándonos y reforzando en lo positivo, en aquello que sí pueden hacer en cada casa. Pero también dando las explicaciones de por qué no pueden hacer determinadas cosas de la forma más objetiva posible, pero sin acusar al otro.  Por ejemplo: “Aquí no puedes comer cada día helado porque no es saludable para ti”. (me limito a hablar de lo que yo hago y porqué). Obviamente con un lenguaje adaptado a la edad del niño. 

Debemos tener en cuenta que si antes de la separación no había consenso en determinadas formas de hacer las cosas. ¿Por qué va a haberlo ahora que estamos separados? 

En definitiva, cuando hay discrepancia en el modelo educativo con el padre, la mejor opción y en los casos tolerables, es limitarme a ejercer el ejemplo que a mí me gustaría ver en el otro progenitor. De esta forma evitamos entrar en conflictos y somos un ejemplo de conducta para nuestros hijos. Será a través de los resultados que obtendremos en los niños que el otro cambiará su conducta si ve que esta funciona mejor. Y, si no la cambia, ser conscientes que tampoco podremos hacer nada enfrentándonos a él. Recordando que no puedo cambiar lo que no esta en mis manos, como es la conducta de otra persona y que, entonces, solo nos quedará la aceptación. 

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