QUÉ PODEMOS HACER CUANDO EL OTRO PROGENITOR NO SE IMPLICA EN LA CRIANZA DE NUESTROS HIJ@S.

En esta ocasión, una madre de la comunidad se plantea cómo hacer para dejar de esperar más implicación por parte del padre en el cuidado de sus hij@s.

 

Bien, en primer lugar y bajo mi punto de vista, es conveniente ser consciente y, por lo tanto, responsabilizarme de este hecho:

Esperar que suceda algo o esperar algo de alguien tiene que ver con la gestión que hago de mis propias expectativas.

 

Y, por lo tanto, tener expectativas sobre algo o sobre alguien, implica que:

 

  • Nuestro bienestar o tranquilidad depende de las circunstancias (Qué se de o no una determinada situación).

 

  • Nuestro bienestar o tranquilidad depende la conducta o decisiones de una tercera persona.

 

Es decir, cuando yo espero algo o algo de alguien estoy delegando y condicionando mi paz y bienestar a los resultados que pueda obtener, resultados que, por cierto, no están en mis manos.

En primer lugar y, esto es lo más importante, es entender que cambiar a otra persona que no somos nosotras mismas es imposible. Sé que parece algo obvio, pero a veces se nos olvida. Porque luchamos contra lo que esa persona es o esa persona hace, queriendo y deseando con todas nuestras fuerzas que sea diferente llevándonos, la mayoría de las veces, una gran decepción. Pues en realidad solo ella puede cambiarse a si misma.

Pero claro, en este caso, desear que al padre de nuestros hijos se implique en la crianza y educación de sus hijos tiene que ver más bien con los niñ@s, que con nosotras.

Por un lado, nos entristece enormemente que nuestros hijos crezcan sin la figura de un padre, temiendo incluso que desarrollen secuelas por carencias afectivas.

Por otro nos da rabia y nos frustra que alguien que ha decidido libremente tener hijos, ahora se des -responsabilice de esta forma de sus obligaciones paternas.

Pero vivir enfocadas en la esperanza que esa realidad sea diferente es sencillamente agotador y un colador enorme por donde perdemos toda nuestra energía.

Y lo cierto es que, como madres separadas que somos, necesitamos esta energía para:

  • Cuidar de nosotras.
  • Cuidar de nuestros hijos.
  • Reconstruir nuestra propia vida.

Como vemos, la principal razón por la cual me cuesta dejar de esperar que suceda algo o que alguien cambie de actitud o de forma de ser es la siguiente:

 Estoy poniendo mi foco y por tanto, mi energía, en el lugar equivocado.

Mi propuesta es:

  • Reflexiona sobre qué grado de maniobra tienes tú para conseguir que aquello sea diferente, es decir, el tanto por ciento que esta en nuestras manos poder cambiar.
  •  Hablar con él para recordarle sus obligaciones paternas. Siempre hacerlo de forma asertiva pues, en ningún caso, queremos tener conflictos que nos hagan perder todavía más energía. Si no sabes cómo hacerlo, te recomiendo buscar ayuda para aprender a comunicarte asertivamente.

  • Recurrir a la ley y dejar por escrito en el convenio regulador y lo más específicamente posible cuales son las responsabilidades y derechos de cada uno y, por supuesto, aplicar las consecuencias de no hacerlo.

Como es muy probable que todo esto ya lo hayas llevado a cabo lo único que te queda es comenzar a poner el foco en el lugar adecuado: EN TI

Aceptar que no puedes cambiarle es solamente una cuestión de actitud. Cambiar la rabia y la frustración que te genera la conducta de una persona por aceptación es un trabajo interno que solamente tú puedes hacer contigo misma.

Porque cuando tú cambias, todo cambia.

Cambiar su actitud no es tu responsabilidad.

Que se responsabilice de sus obligaciones paternas no es tu responsabilidad. 

Ten en cuenta que él ha decidido que así sea y, por tanto, no puedes hacer nada contra esa decisión que él ha tomado.

Por otro lado ¿querrías que tus hijos tuvieran un padre que se implica en su crianza y educación solamente porque se siente obligado? No lo creo…

Mi opinión es que debemos luchar el convenio hasta el final para que cumpla con sus obligaciones económicas. Pero a mi modo de ver, un padre (o una madre) que ha decidido no implicarse, nunca será el padre (o la madre) que esos niñ@s necesitan y, por tanto, es mejor que permanezca lejos de ellos.

Ejerce un rol educativo compensatorio: continúa limitándote a ser tú el modelo de crianza, cuidado y educación que te gustaría ver en el padre, como estoy segura que ya estas haciendo. Pero ahora sin enfocarte en él, sino solamente en ti y en tus hijos. Centrando toda tu energía en ello.

Esa es la única forma de “dejar de esperar” como tu dices.

Y si, aun así, te cuesta gestionar la rabia y la frustración que te genera su conducta, siempre podemos iniciar un proceso de terapia para reconducirlo y cambiar el enfoque de tu situación.

Estoy a un click y te explico cómo puedo ayudarte:)