MADRES SEPARADAS Y CRIANZA CONSCIENTE: una relación de sentimientos encontrados.

Una de las muchas conversaciones con las madres a las que acompaño, ha sido lo que ha inspirado el artículo de esta semana.

Hace mucho tiempo que quiero hablarte de lo que ha significado para mi la crianza consciente a lo largo de mi vida.

Y es que, el concepto “crianza consciente”, hoy en día me despierta una serie de sentimientos encontrados.

Ya he explicado en alguna ocasión, que descubrí el mundo de la educación y la crianza consciente a los pocos meses de nacer mi hijo mayor. Hace ya 11 años.

Por aquel entonces significó la salvación, pues por fin pude relajarme. Dejé de sentirme culpable por dormir con mi hijo, por la lactancia materna prolongada, por portearle continuamente como él necesitaba. Hubo un antes y un después.

A raíz de eso, comencé a investigar y formarme en educación y crianza consciente, tanto a nivel personal como profesional. Incluso llegué a montar un proyecto por el año 2015 que no terminó de funcionar. Y así, fui aprendiendo cada día más, un aprendizaje que después pude poner en práctica también con mi segundo hijo.

En ese sentido parecía que todo iba bien. Me sentía segura con mi forma de educar y criar a mis hijos, disfrutaba de la maternidad, rompiendo las creencias que me había autoimpuesto sobre qué significaba ser madre.

Pero todo cambió cuando llegó mi tercer hijo y, seguida de él, la separación en pleno postparto.

A partir de ese momento la crianza consciente pasó de ser mi refugio a ser prácticamente una sombra.

Algo que perseguía pero que no era capaz de alcanzar.

Criar conscientemente para mi significa ser capaz de educar sin gritos ni castigos.

Educar respetando siempre las necesidades de mis hijos, poner límites desde el respeto y el amor.

Validar sus emociones y empatizar con ellas.

Estar presente. Y estar presente con los niños no significa sólo compartir espacio. Significa conectar, jugar con ellos y estar emocionalmente disponible.

Y, sobre todo, no proyectar mis reacciones emocionales sobre ellos.

Todo este conocimiento es algo que, bajo mi punto de vista, toda madre y todo padre debería tener. Pues, al fin y al cabo, estamos educando a los futuros ciudadanos de esta sociedad.

Por lo tanto y ante todo, me gustaría resaltar la importancia de formarnos en estos temas.

Porque nuestros hijos merecen que lo hagamos lo mejor posible.

Ahora bien, ¿Qué pasa cuando nos separamos?

Pues que la crianza consciente, si no la gestionamos bien, puede ser una carga realmente paralizante.

Porque cuando atraviesas un duelo, cuando emocionalmente estas desbordada y físicamente exhausta, criar conscientemente se puede volver un camino de piedras y muy cuesta arriba.

Pero no hacerlo te conecta directamente con la odiosa culpabilidad.

Y lo cierto es que estar disponible emocionalmente por y para tus hijos, cuando no eres capaz ni siquiera de gobernarte a ti misma, es realmente algo complejo. Por no decir imposible.

  • Jugar y estar presente el tiempo que necesitan y que, además, ese tiempo sea de calidad. Cuando lo que realmente te pasa es que el tiempo se te come, porque quieres alimentar bien a tus hijos, hacer la compra, mantener un hogar mínimamente limpio y ordenado.

Jugar y estar presente resulta misión imposible.

  • Cuando tienes que trabajar a la vez que cuidarles y no hay nadie que pueda tenderte una mano. Cuando no hay nadie más en casa. Cuando no hay una pareja que te apoye y te sustente física y emocionalmente.
  • Cuando tienes más de un hijo con necesidades muy diferentes y no eres ni física ni emocionalmente capaz de estar a la altura. Y cuando además compruebas las consecuencias de esto en ellos, día tras día.
  • Cuando económicamente a penas llegas a cubrir gastos y tienes que hacer más horas que un reloj en el trabajo para poder pagar a las canguros que necesitas encima para poder trabajar.

Totalmente absurdo, pero totalmente cierto.

Y es que esta es la realidad con la que nos encontramos muchas madres separadas y muchos padres también, todo sea dicho.

Entonces, ¿Cómo se puede, bajo esas condiciones criar conscientemente?

Pues ahí la gran pregunta.

Una pregunta a la que hace mucho tiempo doy vueltas y vueltas y, de momento, la única respuesta que he encontrado es la siguiente:

HACIENDO LO QUE SE PUEDE

Sí. Siempre digo que las personas no somos nuestras circunstancias. Es decir, que pase lo que nos pase, sea cual sea la situación en que nos encontremos, siempre podemos elegir cómo queremos vivirla. Y creo fervientemente en ello.

Pero reconozcámoslo y aunque pueda parecer una contradicción:

Hay circunstancias que hacen las situaciones mucho más complejas. Y ser madre separada y querer criar de forma consciente y respetuosa a tus hijos, es una de ellas.

¿Y qué significa hacer lo que se puede?

Pues en primer lugar perdonarse, permitirse y soltando lastre.

A día de hoy todavía hay días que me sigo desbordando. Días que termino exhausta, reaccionando automáticamente con mis hijos y soltando algún grito. Muchos más de los que me puedo permitir.

Desbordándome y culpabilizándome a mi misma.

Pero si algo he avanzado en estos cuatro años, es que también he aprendido a perdonarme por ello.

Eso es: PERDONARSE, pedir disculpas a mis hijos, respirar profundo y acostarme sabiendo que el día siguiente tendré otra nueva oportunidad.  Para hacerlo mejor, para criarles y educarles de forma más consciente. Porque HAGO LO QUE PUEDO.

Perdonarse es el primer paso para soltar la tediosa CULPA.

Y me perdono por no llegar, por no poder, por no ser capaz, por no alcanzar, por no responder y por no ser siempre la madre que mis hijos necesitan.

Pero al día siguiente, lo vuelvo a intentar. Y tal vez vuelvo a fallar, pero me vuelvo a levantar.

Hacer lo que se puede es decirse que no pasa nada si la casa no esta muy limpia y ordenada.

Que no pasa nada si no escribo al ritmo que sería conveniente para mi proyecto.

Que no pasa nada si tenemos que comer lo mismo que ayer porque no he sido capaz de organizarme para hacer la compra.

Hacer lo que se puede es no parar de leer y estudiar para aprender a ser la mejor madre para mis hijos y poder disfrutar de la maternidad.  Es invertir mi poco dinero en formación y terapia para intentar ser más feliz y así lo puedan ser ellos.

Me ayuda pensar que ellos crecerán y que algún día recordaré con nostalgia todos estos años de infancia que ya nunca más volverán.

Y sé que recordaré los mejores momentos, porque eso es lo que hace la memoria.

La memoria olvida lo que quiere olvidar. Y recuerda lo que quiere recordar.

Espero que ellos no olviden que los sostuve, y recuerden que lo hice lo mejor que pude.

Que no olviden que me esforcé al máximo e hice todo lo que estaba en mis manos para hacer de esta pequeña familia un hogar donde crecer felices.

Aunque haya días que lo consiga y haya otros muchos que no.

Solo espero que ellos, tampoco olviden.Porque “Hacer lo que se puede es querer hacerlo lo mejor que puedas, aunque realmente no puedas”

Gracias por leerme.

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